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Adam aprieta las tetas de Liz y no para

6:13 1080P 4 Dibujos Animados
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Estúdio Freexstory

Desde que Liz entró en la habitación con esa blusa ajustada que le marcaba cada curva, Adam no pudo evitar mirar fijamente ese par de tetas firmes y redondas que le hacían babear. La morra, que ya venía caliente del juego anterior, se acercó con una sonrisa pícara mientras él se acercaba sin perder un segundo, agarrándola del cuello con una mano y apretándole las tetas con la otra como si fueran dos globos de silicona a punto de explotar. Liz gimió fuerte cuando él le mordisqueó el pezón por encima de la tela, sintiendo cómo se le endurecía al instante bajo sus dedos gruesos y sudorosos. Adam no aguantó más y, con un tirón brusco, le arrancó tres botones de la blusa, dejando sus tetas al aire, rosadas y brillantes por el calor de la excitación. La morra se retorció de placer cuando él las apretó con fuerza, ordeñándolas como si fueran dos mangos maduros a punto de estallar en jugo. Mientras Liz se mordía el labio inferior con los ojos vidriosos, él le pasó la lengua por el cuello hasta llegar a su oreja, susurrándole obscenidades que la hicieron temblar de arriba abajo. Ella, sin pensarlo dos veces, se dejó caer de rodillas frente a él, desabrochándole el pantalón para sacar esa verga gruesa y palpitante que ya goteaba de ganas, y empezó a lamerle el glande con movimientos circulares mientras los gemidos de ambos llenaban la habitación. Adam, con los ojos en blanco, le agarró la cabeza con ambas manos y se la empotró hasta la garganta, sintiendo cómo su polla le llegaba hasta el fondo mientras ella intentaba aguantar la respiración. Liz, entre arcadas y babas, no se quejó ni una vez, solo se dejó hacer hasta que él la levantó de golpe, la giró de espaldas y le bajó los pantalones hasta los tobillos, dejando al descubierto ese coño empapado que brillaba bajo la luz artificial. Sin perder ni un segundo, le clavó la verga de un solo empellón hasta el fondo, arrancándole un aullido de placer que resonó en las cuatro paredes mientras sus caderas chocaban contra ese culo prieto que temblaba con cada embestida. Adam no aguantó ni cinco minutos antes de correrse dentro de ella, gruñendo como un animal mientras le llenaba el coño con chorros espesos que le resbalaban por las piernas, dejando a Liz jadeando y pegajosa, con la cara roja y los muslos temblorosos por el subidón de tanto placer.

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