Hotbearver se masturba y dispara su leche gruesa
Hotbearver se tiró en la cama con los ojos llenos de rabia, recordando cómo otro se había llevado lo que era mío, cómo sus manos habían tocado lo que solo yo podía disfrutar. Me bajé los pantalones de un tirón, sintiendo el calor que me invadía, y empecé a rozar mi polla con furia, imaginando cada caricia que le había dado a esa puta. Las caderas se me movían solas, golpeando el colchón mientras me agarraba con fuerza, sintiendo cómo cada movimiento me llevaba más cerca de lo que tanto necesitaba. El recuerdo de su sonrisa de satisfacción me encendía más, y apreté los dientes al pensar en cómo ahora iba a vaciarme solo, sin nadie que me mereciera. La mano me ardía de tanto frotar, pero no paraba, no hasta que sintiera ese alivio que me quemaba por dentro. Imaginé sus gemidos falsos, su cuerpo arqueándose para otro hombre, y eso me volvió más loco, más desesperado, hasta que sentí cómo todo se tensaba, cómo el placer me subía por el vientre como un fuego. Con un último movimiento brusco, me corrí con un gruñido, la leche salpicando mi piel mientras la rabia se convertía en algo más oscuro, más mío. Me quedé mirando el techo, sintiendo el corazón latir fuerte, preguntándome si alguna vez alguien me haría sentir como ella lo hizo, o si esto sería todo lo que tendría. La mano aún me temblaba, pero no había remedio. Me limpié con la sábana, respirando hondo, y supe que la próxima vez sería diferente, que nadie me dejaría así otra vez.