Hazel me montó como una diosa hasta dejarme seco
Estaba duro desde que la vi mirarme con esos ojos de puta hambrienta, pero aguanté días enteros, viendo cómo se mordía los labios cada vez que pasábamos cerca. La tensión se hizo insoportable cuando por fin me arrinconó contra la pared, sus tetas rebotando contra mi pecho mientras me agarraba la polla con esa mano experta. No esperó ni un segundo: se arrodilló y me la metió hasta la garganta, chupando con esa boca caliente que sabía exactamente cómo hacerme gemir. Cuando ya no pude más, la tiré sobre la cama y le abrí las piernas de par en par, hundiendo los dedos en su coño mojado antes de clavársela de una estocada. Vince Karter no podía creer lo que veía cuando Hazel se subió encima, cabalgándome con esa cadera perfecta mientras sus tetas rebotaban en mi cara. La penetré por todos lados, alternando entre su culo apretado y su boca, hasta que no pude aguantar más y le llené la garganta con mi leche espesa. Al final, solo se escuchaban sus gemidos ahogados mientras tragaba hasta la última gota.