Delilah Day te empapa la polla con un masaje de gel caliente
Te agarra la verga con sus manos resbaladizas y ya no hay vuelta atrás: el gel caliente te hace gemir mientras ella te frota el tronco con sus tetitas pequeñas y duras. Sientes cómo el aceite se mezcla con tu leche cuando te la chupa, pero el peligro está ahí: en cualquier momento puede entrar alguien del edificio y pillarte con el culo al aire, empotrándola contra la pared. Ella te susurra que no pares, que te la metas más hondo, y tú obedeces, sintiendo cómo su coño apretado te aprieta hasta que te corres en su vientre. Anthony Pierce no lo sabe, pero su mujer está a punto de gritar cuando le llenas la boca de leche espesa. El reloj marca los 15 minutos exactos y el sudor te escurre por la espalda, mezclándose con el gel que ahora brilla en el suelo. El sonido de la puerta al cerrarse te pone los pelos de punta: ¿fue su marido o solo el viento?