Fablazed me ordena chupar su chocho bien mojado
El sonido de su saliva al frotar sus labios contra los míos me hizo perder el control, era como si supiera exactamente qué hacer para volverme loco, y lo peor es que disfrutaba cada maldito segundo de mi sumisión. Me agaché frente a ella, mi polla ya dura como piedra, mientras Fablazed se arqueaba con ese culo redondo y perfecto que tanto me gusta, sus dedos enredándose en mi pelo para guiarme hacia su coño brillante de tanta humedad. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos estar haciendo esto en su casa así, pero el calor de su piel, el gemido ahogado que escapó de su garganta cuando empecé a lamer sus pliegues, me hizo olvidar todo. Sus muslos temblaron cuando mi lengua encontró su clítoris, y entonces empezó a montar mi cara, empapándome el rostro con sus jugos, mientras me ordenaba que no parara, que la hiciera correrse así, como una puta descontrolada. En más de 11 minutos, entre sus piernas, sentí cómo sus uñas se clavaban en mi espalda, su culo apretándose contra mi pecho mientras me ahogaba en su coño, hasta que un grito agudo anunció que estaba a punto de estallar. Me levanté rápido, empujándola contra la pared para clavársela de una estocada, sintiendo cómo sus paredes internas me apretaban como un tornillo. Esta vez no hubo piedad, la follé hasta que los gemidos se le convirtieron en lloriqueos, hasta que sus rodillas cedieron y solo mi polla la sostenía en pie. Cuando terminé, su vestido estaba manchado, su cara llena de lágrimas de placer, y mientras se limpiaba, me susurró que la próxima vez sería aún más sucio, que no me dejaría escapar. Ahora sé que no puedo parar, y eso me vuelve loco.