Elena se clava un dildo enorme en su culo gordo y mojado
Elena llevaba semanas imaginando ese momento, cada vez que se cruzaban en el pasillo y sus miradas se quedaban un poco más de lo normal. La tensión entre ellos era insoportable, como si el aire alrededor de sus cuerpos cargara electricidad. Sabía que él la deseaba, pero hoy era su turno de tomar el control. Con suavidad al principio, luego con más fuerza, se sentó sobre el sofá, separando sus muslos gruesos para que su coño hinchado y brillante quedara en plena vista. Sus nalgas perfectas, redondas y marcadas con celulitis, se flexionaban mientras empujaba el juguete de un solo tirón, sintiendo cómo su culo se abría para recibirlo hasta que el mango chocó contra su piel. Gemía sin control, mordiendo el labio mientras el dildo lento se movía dentro de ella, rozando cada nervio con precisión. Sus tetas pesadas rebotaban con cada movimiento, sudor cubriendo su cuerpo curvilíneo. No podía pensar, solo sentir, cómo ese trozo de silicona gruesa la llenaba por completo, haciéndole arquear la espalda mientras jadeaba su nombre. Y cuando por fin llegó, el orgasmo la sacudió entera, dejándola temblando, con la mente en blanco y solo una idea: esto no se acaba aquí.