Mishell se deja masajear y termina con el culo bien abierto
El cuarto estaba en penumbra, con solo la luz tenue de la lámpara de noche iluminando las gotas de agua que aún resbalaban por mi espalda después de la ducha. Julian entró sin hacer ruido, con esa mirada que ya conocía bien, la misma que llevaba días lanzándome en los pasillos, en la cocina, incluso cuando creíamos que nadie nos veía. Sabía lo que quería, y yo también, pero habíamos estado conteniéndonos, jugando al gato y al ratón hasta que el deseo se volvió insoportable. Cuando sus manos empezaron a deslizarse por mi piel, ya no pude fingir indiferencia. Mis gemidos llenaron el silencio mientras sus dedos se hundían entre mis nalgas, separando el culo con una lentitud que me hizo arquear la espalda. No aguanté más y me di la vuelta, tirando de él hacia mí, sintiendo su polla dura contra mi vientre. Lo empujé hacia la cama, donde lo monté a horcajadas, dejando que sus manos apretaran mis nalgas mientras me movía arriba y abajo, sintiendo cómo cada centímetro de él me llenaba hasta hacerme gemir sin control. Julian no se quedó atrás, agarrándome por las caderas para empotrarme con fuerza, haciendo que mi coño chorreara con cada embestida. Cuando por fin se corrió dentro de mí, jadeando mi nombre, solo podía pensar en lo bien que se sentía haber dejado atrás los juegos y entregarme a lo que realmente deseábamos.