Mi vecino me agarró el culito y no paró de meterme los dedos
Estaba rebotando las nalgas contra el sofá cuando él entró y ni siquiera le di tiempo de cerrar la puerta. Mi vecino no pudo aguantar más visto el trasero que me había crecido y se abalanzó sobre mí como un animal salvaje. Llevábamos días mirándonos en el pasillo con esa tensión que quema, él con los ojos fijos en mi culo prieto y yo imaginando cómo me iba a perforar esa verga dura que sobresalía de sus pantalones. Cuando sus manos grandes me apretaron las nalgas, sentí que me iba a volver loca de placer. Sus dedos gruesos se hundieron en mi culo sin aviso, abriéndome de golpe mientras yo gemía como una perra en celo. No me dejaba tranquila, metiendo y sacando los dedos con fuerza, haciendo que mi coño se mojara más de lo que ya estaba. Podía sentir cómo mi trasero se ajustaba a cada intrusión, el dolor mezclándose con el placer hasta que grité su nombre pidiendo más. Becky Foxx hubiera disfrutado esto tanto como yo, con ese culito redondito siendo trabajado sin piedad. Cada vez que empujaba más adentro, mi cuerpo entero temblaba, las paredes de mi culo apretándose alrededor de sus dedos mientras los sonidos obscenos llenaban la habitación. Sabía que esto apenas era el principio y que pronto esa polla gruesa iba a reemplazar sus dedos, rompiéndome el culo de la manera que tanto anhelaba. En más de 11 minutos de escena, el calor entre nosotros subió hasta que ya no aguanté más y me corrí gritando, pero él no se detuvo, empujando más fuerte hasta que mi cuerpo entero se sacudió de placer.