La compañera de trabajo de mi marido se coló en casa para una sorpresa caliente
—¿Por qué no me ayudas un poco con esto, baby?— le susurró ella mientras le desabrochaba el pantalón a Rockhardhubby con sus manos húmedas. Él ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió sus dedos envolviendo su polla dura como una serpiente. La mujer, con su culo gordo y redondo rebotando al ritmo de sus gemidos, ya se estaba frotando el coño mojado contra la cama mientras le masturbaba con una sonrisa traviesa. Lo que Rockhardhubby no esperaba era que ella sacara un dildo enorme de debajo de la almohada, sus ojos se abrieron de par en par al verlo, pero antes de que pudiera protestar, ella ya lo tenía en su boca, chupándolo con ansias. La escena se volvió más salvaje cuando ella se subió encima de él, hundiendo su culo apretado hasta que sus labios se encontraron, gimiendo como una perra en celo. Rockhardhubby no podía creer lo mojada que estaba, su coño chorreando jugos blancos mientras se movía sin parar, sus tetas grandes y naturales rebotando con cada embestida. Él aguantó hasta que no pudo más, y cuando ella se corrió, su cuerpo se tensó, los músculos de su culo se contrajeron y su cara se retorció de placer. El sonido de sus gritos rebotó en las paredes, y justo cuando estaba a punto de estallar, ella se bajó de golpe y lo miró fijamente, sus ojos brillando de lujuria. —No te corras todavía, cariño— susurró con voz ronca, pero él ya no podía controlarse, su polla palpitaba y sus manos se clavaron en sus caderas mientras empujaba con fuerza, sintiendo cómo su culo lo apretaba como un tornillo. El calor de su interior lo envolvió, sus gemidos se mezclaron con los suyos, y en ese momento, nada más importaba. Sus respiraciones agitadas llenaron la habitación, el sudor cubriendo sus cuerpos mientras se movían al unísono, y cuando por fin llegó al orgasmo, fue tan intenso que casi se desmaya. Sus dedos se clavaron más profundo, sus caderas chocaron con fuerza, y justo cuando estaba a punto de eyacular, ella giró su cabeza y lo miró con una sonrisa perversa. —¿Ves lo puta que soy, baby?— dijo con voz jadeante, y en ese instante, todo explotó en una cascada de placer. El mundo se detuvo, sus mentes se nublaron, y cuando por fin dejó salir todo dentro de ella, el sonido de sus gemidos llenó el aire, y justo ahí, en medio del éxtasis, todo se volvió negro.