Jimnkk desafía a su tía con su culo apretado y un juguete
Después del trabajo, decidí cobrarle a Jimnkk todas esas miradas de reojo y comentarios de doble sentido que me lanza cada vez que paso por su lado. ¿Crees que puede aguantar lo que le voy a hacer? Te voy a contar cómo le demostré que conmigo no juega nadie. Primero lo senté en la silla de la cocina, le bajé los pantalones y le mostré su culo perfecto, redondo y temblando de anticipación. Le susurré al oído que hoy iba a aprender lo que es un verdadero castigo, y sin perder tiempo, le apliqué un buen chorro de lubricante para hacerle olvidar cualquier idea de resistencia. Con un dedo, empecé a dibujar círculos alrededor de su agujerito, sintiendo cómo se contraía bajo mi tacto, pero yo no tenía piedad, así que lo empujé de una vez hasta que sus caderas se levantaron de la silla. Jimnkk empezó a gemir, pero no le dejé ni un segundo de tregua, porque saqué un juguete bien grueso y lo presioné contra su entrada. La expresión en su cara cuando lo sentí penetrarlo de golpe fue inolvidable: los labios entreabiertos, los ojos vidriosos y los dedos clavados en el asiento. Le di tiempo para que se acostumbrara, pero solo un poco, porque enseguida empecé a moverlo dentro de él, entrando y saliendo con fuerza, escuchando esos gemidos ahogados que no podía contener. Sabía que le encantaba, pero no iba a dejárselo tan fácil, así que aceleré el ritmo hasta que su respiración se volvió entrecortada y su culo empezó a chorrear de excitación. En más de 12 minutos lo tuve retorciéndose bajo mis manos, suplicando que lo dejara correrse, pero solo cuando yo lo decidiera. Y cuando por fin lo hice, su cuerpo se tensó de golpe, arqueándose hacia atrás mientras su polla rebosaba sin control. Lo dejé allí, temblando y con la mirada perdida, sabiendo que nunca volvería a mirarme igual.