Evelyn atada recibe azotes y humillación por su culo redondo
La tengo bocabajo sobre la cama, el culo en pompa y las manos atadas a la espalda mientras Maynard recorre con la palma sus nalgas perfectas, blancas como la leche y bien firmes, antes de soltar el primer golpe seco. Ella gime fuerte, el sonido de la cachetada resuena en la habitación, y ya veo cómo su piel empieza a enrojecerse bajo mis dedos. "Puta, pide permiso para correrte", le digo mientras le agarro los muslos con fuerza, sintiendo cómo su piel se pone de gallina. Ella jadea, pero obedece: "Por favor, señor, ¿puedo correrme?". Le respondo con otro azote más fuerte, esta vez con la palmeta, y el impacto la hace lloriquear. "No tan rápido, zorra, tu coño mojado va a esperar a que yo diga", le susurro al oído mientras le meto dos dedos de golpe, sintiendo cómo su carne caliente los aprieta como una maldita víbora. Maynard se ríe y me pasa el látigo, y cuando lo hago restallar contra su culo, ella grita, pero el sonido se convierte en un gemido cuando le ordeno que se trague el dolor. "Chupa mi polla, perra, y demuéstrame qué buena eres", y ella no lo piensa dos veces, abriendo la boca y dejando que la embista hasta la garganta. Mientras la follo la cara, le doy otra nalgada tan fuerte que sus muslos tiemblan, y cuando por fin le permito correrse, lo hace gritando, el cuerpo entero convulsionando mientras su coño chorreante aprieta mis dedos sin piedad. "La próxima vez, te azotaré con el látigo y te haré llorar de verdad, puta", le digo mientras me limpio la mano en su pelo. Ella asiente, exhausta pero ya pidiendo más.