Monica Santiago se entrega a Rome Major con su polla monstruosa
Llevaba días mirándolo de reojo, sintiendo cómo mi coño se mojaba cada vez que sus ojos se cruzaban con los míos. Rome Major tenía esa mirada que prometía romperme de todas las formas posibles, y yo no podía esperar más. Cuando por fin me tomó contra la pared, sus manos apretando mi culo mientras su polla gruesa se hundía en mi pussy, supe que no habría vuelta atrás. Gemí como una perra en celo, sintiendo cómo cada embestida me acercaba al borde. Me encantaba cómo su verga me abría, cómo mis jugos chorreaban por sus pelotas mientras me empotraba sin piedad. Cuando pasó a mi culo, la tensión fue insoportable: su polla gruesa estirándome, mis gritos ahogados contra la almohada. Me corría una y otra vez, sintiendo cómo mi cuerpo temblaba bajo su peso. Al final, solo podía pensar en cuándo me follaría otra vez así, tan duro que olvidara mi propio nombre.