Esposa recién casada se corre con el campesino rudo
Llevaba meses con la entrepierna ardiendo cada vez que su marido llegaba borracho y se dormía como un tronco sobre el colchón, así que esa tarde decidió tomar cartas en el asunto. El tipo del tractor, sudoroso y con las manos llenas de tierra, no necesitó mucho convencimiento cuando la vio aparecer en el campo con el vestido pegado al coño por el calor. Sin perder tiempo, la agarró por la cintura y la empotró contra el suelo, sintiendo cómo el culo de ella temblaba al contacto con su polla ya dura como una roca. Ella gimió fuerte, con los pechos aplastados contra la tierra mientras él le arrancaba el tanga de un tirón, dejando al descubierto un coño empapado que olía a necesidad pura. Con un empujón brutal la puso a cuatro patas y le clavó la verga hasta el fondo, haciendo que sus caderas se sacudieran con cada embestida profunda que le dejaba el coño en llamas. El campesino no se anduvo con rodeos: le agarró los pechos con fuerza, lamiéndole el sudor del cuello mientras le susurraba guaruras al oído que le encantaba verla así, convertida en una puta necesitada de más. Ella no pudo resistirse y se corrió gritando su nombre entre espasmos, con los muslos temblorosos y el coño chorreando leche por todas partes. Pero él no había terminado: la levantó como si no pesara nada y se la llevó al granero, donde la tumbó sobre un montón de paja y le metió los dedos bien adentro mientras le lamía los pezones duros como piedras. La penetró de nuevo con violencia, esta vez en posición de perrito, y en menos de lo que canta un gallo los dos estaban sudando, gimiendo y corriéndose juntos hasta dejar la paja completamente empapada de sus jugos. Cuando el último espasmo les recorrió el cuerpo, él se quedó dentro de ella, respirando agitado mientras le mordisqueaba el labio inferior con una sonrisa pícara. Ella, aún con la respiración entrecortada, le confesó que ya no podía aguantar más sin sentir esa verga dentro de su coño, y él, sin dudarlo, le propuso repetirlo al día siguiente... pero esta vez en el establo.