Milf cachonda recibe verga dura por primera vez
La mamacita Lana Lee llevaba días coqueteando con Jason Michaels desde el otro lado de la piscina, mordiéndose el labio cada vez que él se quitaba la camiseta sudada y dejaba ver esos abdominales marcados como si fueran tallados en mármol. Cuando por fin la invitó a su casa bajo el pretexto de revisar unos archivos, ella no pudo resistirse y entró como una perra en celo, con el vestido pegado al coño empapado que ya le chorreaba por los muslos. Él, que no era ningún santo, le agarró el culo redondo y prieto con las dos manos, le arrancó el tanga de encaje negro y la empujó contra la pared de la sala mientras le gruñía al oído que llevaba semanas soñando con follársela bien duro. Lana gimió como una puta caliente al sentir la polla enorme de Jason rozándole el clítoris inflamado, pero él no se conformó con eso: la levantó del suelo agarrándola por las nalgas, la sentó en el borde de la mesa del comedor y se clavó hasta el fondo en su concha chorreante, haciéndola aullar de placer mientras sus tetas grandes y pesadas rebotaban con cada embestida brutal. Jason le agarró el pelo con fuerza y le metió la verga hasta la garganta, ahogándola entre gemidos mientras ella le chupaba los huevos con desesperación, lamiéndolos como si fueran su postre favorito. Cuando por fin la soltó y la tumbó boca abajo sobre el sofá, le abrió las piernas de par en par y le metió los dedos en el coño resbaladizo antes de empotrarla con todas sus fuerzas, haciendo que el culo le temblara como gelatina con cada golpe seco. Lana no pudo aguantar más y se corrió con un chorro de leche espesa que le salió disparado como un géiser, empapándole la polla, los huevos y hasta el sofá de abajo, mientras Jason no paraba de embestirla como un animal, gruñendo y maldiciendo entre dientes cada vez que sus caderas chocaban contra su culo. Él también estaba a punto de reventar, así que la sacó de golpe, le dio la vuelta y se la folló de rodillas, agarrándole las tetas con las manos mientras le llenaba la boca con sus chorros calientes de semen espeso que le resbalaban por la barbilla y el cuello, dejándola completamente cubierta y satisfecha hasta el último centímetro.