Viviane Martix se masturba con los labios dorados al borde de ser descubierta
Viviane Martix se acuesta en la cama con las piernas abiertas, los dedos hundiéndose en su coño mojado mientras el sol de la tarde se filtra por la ventana entreabierta. Ella sabe que su marido podría regresar en cualquier momento, pero eso solo la excita más, gimiendo bajito, mordiendo la almohada para ahogar los sonidos mientras se frota el clítoris hinchado con movimientos circulares. El riesgo de ser sorprendida la hace mojarse aún más, y sus muslos tiemblan cuando introduce dos dedos hasta el fondo, sintiendo cómo su carne caliente los aprieta con cada embestida. Con la otra mano, Viviane agarra sus tetas, apretándolas con fuerza mientras arquea la espalda, los pezones duros como piedras bajo sus dedos. Las gotas de sudor resbalan por su espalda cuando acelera el ritmo, los dedos entrando y saliendo de su coño resbaladizo, los sonidos húmedos mezclándose con su respiración entrecortada. Ella escucha un ruido en el pasillo y se queda helada, conteniendo el aliento, pero solo es el viento sacudiendo la puerta. Con un gemido ahogado, Viviane vuelve a mover los dedos, más rápido, más fuerte, hasta que su cuerpo se tensa y un orgasmo la recorre de punta a punta, los jugos brotando entre sus piernas. Cuando termina, se derrumba en la cama, el corazón latiendo a mil por hora, y al mirar hacia la puerta entrecerrada, imagina la cara de su marido si hubiera entrado en ese preciso momento.