London Keyes se masturba con su juguete nuevo y el riesgo de ser pillada
Me encanta cuando tengo un juguete nuevo entre las piernas, algo que me hace gemir sin control, pero hoy el peligro de que mi novio entre y me vea con las bragas bajadas y el coño chorreando lo hace mil veces más excitante. Me recuesto en la cama, las tetas grandes rebotando con cada movimiento, y empiezo a frotar el vibrador contra mi clítoris hinchado, sintiendo cómo la electricidad me recorre entera. Escucho pasos en el pasillo y me muerdo el labio para ahogar un gemido, pero no puedo parar, el juguete ya está enterrado hasta las pelotas dentro de mí, moviéndose en círculos que me hacen arquear la espalda. Cada vez que oigo la puerta crujir, aprieto las piernas con fuerza, imaginando que es él quien me sorprende con el culo al aire y los dedos hundidos en mi carne mojada. El vibrador zumba más fuerte, y yo me agarro a las sábanas, sintiendo cómo el orgasmo me quema por dentro, pero no puedo gritar, solo morder la almohada mientras mi coño se contrae alrededor del juguete. Justo cuando estoy a punto de correrme, escucho la llave girar en la cerradura, y en lugar de asustarme, me excita más, porque sé que si me pilla así, con las tetas sudadas y el juguete enterrado hasta el fondo, no podrá resistirse a unirse. Al final, cuando termino, con el coño palpitando y el cuerpo temblando, me quedo mirando la puerta y susurro: '¿Te gustaría ver cómo lo hago otra vez, cariño?'