La Ama Clover te humilla y te domina hasta el límite
Clover entró en la habitación con ese aire de superioridad que te hacía temblar, las botas de cuero brillando bajo la luz tenue mientras te miraba fijamente. Llevabas días fantaseando con su mirada despectiva, esos gestos de desprecio que te encendían, pero esta vez prometió que no habría piedad. Te arrodillaste frente a ella, sintiendo cómo tus rodillas crujían contra el suelo frío, mientras sus dedos enguantados te agarraban del pelo, obligándote a abrir la boca. Sus manos recorrieron tu cuerpo con lentitud, disfrutando cada gemido que escapaba de tus labios cuando sus uñas rozaban tu espalda. Sabías que esto no era solo un juego, ella te había marcado como su propiedad, y ahora te lo recordaría. Te la metió hasta las pelotas, sintiendo cómo tu garganta se ajustaba a cada centímetro de su polla, mientras sus caderas se movían con ritmo implacable. Gemías ahogadamente, las lágrimas cayendo por tus mejillas, pero no te atrevías a resistir. Cada vez que intentabas respirar, ella te empujaba más adentro, sus dedos apretando tu mandíbula para mantenerte en el lugar. El sonido de sus gemidos llenaba el cuarto, mezclándose con tus propios sollozos mientras te ahogabas en su leche espesa. Cuando finalmente te soltó, caíste de rodillas, jadeando, sintiendo cómo tu cuerpo temblaba de alivio y frustración. Sabías que esto era solo el principio, que la próxima vez sería peor. La próxima vez, no te dejaría recuperarte.