Una jovencita reta a una madura tetona a un duelo de placer con strap-on
—Te apuesto que no aguantas que te coma el coño y te empotre con este arnés, perra vieja— le dije, desafiándola con una sonrisa mientras Cala Craves se lamía los labios, saboreando el juego. La madura no era cualquiera: tetona, curvas generosas y un coño depilado que brillaba con deseo. Me tiró de la camiseta y me empujó sobre la cama, sus dedos ya mojados de tanto imaginarse cómo iba a correrse. Primero fue mi lengua, hundiéndose entre sus pliegues mientras ella arqueaba la espalda, gimiendo como una loca cuando rozaba su clítoris con los dientes. Pero el verdadero reto empezó cuando le puse el strap-on: sus ojos se abrieron al sentir la punta de goma rozando su entrada, y entonces la embestí de una sola estocada, haciendo que sus tetas saltaran con cada empujón. —¡Más fuerte, zorra!— me gritó, y no me hizo falta repetírmelo: le clavé la polla falsa hasta que sus muslos temblaron, su coño chorreando contra mi vientre. Me encantaba cómo gemía, cómo se retorcía, cómo me pedía que no parara. Casi quince minutos de follada brutal, hasta que se corrió tan fuerte que el arnés se movió dentro de ella. —Parece que tu coño sí sabe perder— le solté, sacando el strap-on con un chasquido húmedo.