SluttyMelanin descubre lo que su coño puede aguantar
“¡Dios, no sabía que una polla así existía!” le dije cuando lo vi por primera vez, tan gruesa y oscura que mi coño se mojó al instante. No era solo el tamaño, era la forma en que me miraba, como si supiera exactamente qué hacer con cada centímetro. Me arrodillé sin pensarlo, chupando hasta que mi garganta ardió, pero él me detuvo, diciendo que quería probarme primero. Me empotró contra la pared, sus manos en mis caderas mientras entraba de una estocada, tan profundo que sentí cada vena de su polla negra estirándome. Grité, pero no para que parara, sino para que fuera más fuerte, más rápido. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, mi coño apretado chorreando por lo bien que me llenaba. Cuando empezó a correrse, sentí el calor dentro de mí, su leche espesa llenándome hasta que no pude más. “¡Sí, así, dame todo!” le grité, arqueando la espalda mientras él me embestía una última vez, tan fuerte que mis piernas temblaron. No hubo tiempo para nada más, solo el sonido de nuestros cuerpos chocando y mi voz ahogada en otro orgasmo.