Honey Gold reta a Donny Sins a follarla como nunca
—¿Crees que puedes manejar mi cuerpo, negro?— le dije, retándolo con una sonrisa mientras me agachaba frente a él, mostrando mi culo perfecto. Donny Sins, con esa polla negra que prometía destrozarme, no pudo resistirse al desafío. Me empotró de una contra la pared, sus manos apretando mis tetas mientras su verga entraba hasta las pelotas en mi coño mojado. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, sintiendo cómo mi carne se estiraba para recibirlo entero. —No voy a suplicar— mentí, pero mis gritos decían otra cosa cuando me penetró a cuatro patas, sus dedos marcando mi piel mientras me follaba sin piedad. El sonido de su piel contra la mía resonaba en la habitación, mi coño chorreando de lo excitada que estaba. —¿Así que esto es lo mejor que tienes?— lo provoqué, pero él solo sonrió y me dio la vuelta, metiendo su polla hasta hacerme tocar el cuello del útero. Mis uñas se clavaron en su espalda, sintiendo cómo su verga me llenaba por completo. No tardé en correrme, mi cuerpo temblando mientras él seguía follándome sin parar. Cuando por fin se vino, su leche caliente me marcó por dentro, dejándome sin aliento. Al terminar, su camiseta blanca quedó tirada en el suelo, manchada de mi sudor y su semen.