Secretaria japonesa se empala con doble creampie brutal
La chiquita japonesa llegó a la oficina con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva sin piedad mientras hojeaba unos papeles con cara de no haber roto un plato en su vida. Pero cuando él, el jefe más duro de la empresa, la agarró del pelo y le escupió al oído que hoy no habría reuniones, sino folladas, la secretaria no pudo evitar que se le humedeciera el coño al instante. Le arrancó la braguita de un tirón y se la llevó a la boca, chupando con avidez cada gota de su excitación mientras ella gemía contra su polla, que ya le palpitaba dura como una piedra entre sus labios diminutos. Él la empujó contra el escritorio, le subió la falda hasta la cintura y le clavó los dedos en las nalgas, separándoselas para escupirle en el culo antes de empotrarle la polla hasta el fondo sin piedad. La secretaria, con las tetas pequeñas pero firmes rebotando contra el mueble y los muslos temblando, no tardó en montarlo al revés, cabalgándolo con tanto ímpetu que le hacía perder el aliento mientras su coño bien mojado se tragaba cada centímetro de su verga hasta las pelotas. Pero no contentos con eso, entró otro macho por la puerta —el de las entregas— con las pelotas llenas y la mirada hambrienta, y sin mediar palabra le dio la vuelta a la secretaria, le levantó una pierna y se la clavó por detrás mientras ella gritaba con los ojos en blanco, recibiendo en su estrecho culito una paliza de pollas al mismo tiempo. El jefe no se aguantó más y se corrió dentro de su vientre con un rugido, llenándola de leche caliente mientras ella se contraía alrededor de su verga, pero el otro no tardó en seguirle, descargando toda su leche espesa directamente en su coño mientras la pobre secretaria se deshacía entre gemidos, con el cuerpo tembloroso y la entrepierna completamente empapada de corridas por ambos lados. Cuando por fin la soltaron, quedó tirada sobre el escritorio, con las piernas abiertas y los agujeros goteando leche como si fuera una fuente, mientras los dos hombres se limpiaban la polla satisfechos y ella suspiraba con la mirada perdida, preguntándose si alguna vez volvería a sentarse en ese maldito escritorio sin recordar esta follada salvaje.