La putita otaku se deja empotrar con esas tetas enormes
Esa nena otaku de pelo liso y gafas de pasta no paraba de babear con el dibujo de la polla gigante en su cuaderno de bocetos hasta que su amigo del barrio se la llevó al cuarto de los videojuegos con la excusa de ayudarla con un glitch en el nuevo RPG. Cuando cerró la puerta y la empujó contra la pared, sus tetas blanditas de silicona se desbordaron por el escote del cosplay ajustado que llevaba puesto solo para impresionar a los frikis del foro, y sus pezones duros se marcaban bajo la tela barata como dos balas listas para que alguien se los chupara. Él le arrancó las bragas de encaje rosa con un tirón seco y le metió los dedos en el coño empapado mientras ella gemía como una perra en celo, con la espalda arqueada y los muslos temblando porque llevaba horas soñando con que le partieran el culo así, sin preliminares, sin miramientos. La polla enorme del tipo se le clavó hasta la garganta en dos embestidas brutales, y ella escupió saliva mientras jadeaba que nunca había sentido algo tan grande partiéndola por dentro, que le dolía pero le encantaba, que quería que la reventara de una vez. Él la agarró de las caderas con manos de gigante y la empotró contra el escritorio lleno de figuritas de anime, haciendo que las minifiguras de Sailor Moon y Luffy saltaran por los aires mientras la nena gritaba con voz aguda, sus tetas rebotando como gelatina cada vez que el cabrón le metía hasta el fondo sin piedad. El coño le chorreaba jugos por las piernas, y cada vez que él le metía el puño en el culo ella chillaba como una loca, pidiendo más aunque ya no pudiera aguantar ni un segundo más. Cuando el tipo sintió que sus pelotas se le subían hasta la garganta, la sacó de golpe y se corrió en chorros espesos sobre su cara, rociándole las gafas, la boca y esos pechos que tanto le gustaban, mientras ella se limpiaba el semen con los dedos y se los chupaba mirándolo con ojos de perra satisfecha, lista para que la volviera a empalar hasta dejarla sin voz.