Japonesa enana se corre con sexo salvaje en trio
Tenía esa mirada traviesa que delataba lo que escondía bajo el uniforme escolar: unos muslitos firmes y un culo prieto que parecían pedir a gritos que la empotrasen hasta dejarla sin aliento. La primera vez que la vi se estaba masturbando con los dedos bien metidos en su coño depilado, gimiendo bajito mientras se mordía el labio inferior. No tardé ni dos segundos en tirarme encima de ella, arrancándole la blusa para dejar sus tetitas pequeñas y duras al descubierto mientras la boca se me hacía agua. Le lamí los pezones duros como piedras y ella soltó un gemido ronco que me puso la polla más dura que el mármol, tanto que casi me revienta el pantalón. Sin perder tiempo la tumbé boca abajo sobre la cama, le bajé el tanga de encaje rosa y le metí la lengua en el culo mientras ella se retorcía con los muslos temblorosos. Cuando ya estaba más que mojada, la levanté como si no pesara nada y la puse a cuatro patas con las nalgas bien abiertas, listo para darle la follada más brutal que había dado en mi vida. La primera embestida le arrancó un chillido agudo y sus paredes vaginales se cerraron como un tornillo alrededor de mi verga, que ya goteaba gotas gruesas de pre-semen. Mi amigo no se quedó atrás, metiéndole la polla por la boca hasta la garganta mientras ella le chupaba con una avidez que me dejó boquiabierto, con los huevos a punto de reventar. Cuando los dos la penetramos a la vez, una en el coño y otro en el culo, sus gritos se volvieron incontrolables, mezclando dolor y placer mientras el semen le corría por las piernas. La japonesa se corrió tres veces seguidas, con el cuerpo convulsionando y la cara desencajada en un orgasmo que le dejó los ojos en blanco, mientras nosotros seguíamos dándole hasta dejarla exhausta y completamente empapada.