Profesora francesa se corre gritando en el parking
La profesora francesa llevaba meses escondiendo su lado más vicioso cada vez que sus alumnos se le insinuaban con miraditas de reojo... Hoy no pudo resistirse ni un segundo más en el parking del colegio. Con las medias rotas y el vestido subido hasta la cintura, se quitó el sujetador de un tirón y dejó al descubierto sus tetas duras mientras gemía como una perra en celo. Las gotas de sudor le resbalaban por el escote mientras se abría el coño con los dedos, empapando el asiento de su coche con jugos que le llegaban hasta las rodillas. Un estudiante que pasaba por ahí la vio desde lejos, con la polla ya dura como una piedra al verla frotarse el clítoris sin pudor alguno. La profesora ni se inmutó cuando él se acercó sigilosamente, le agarró de los pelos y le metió la lengua hasta el fondo de la boca mientras ella se retorcía de placer. Entre gritos ahogados y gemidos de puta en celo, la francesa se dejó caer de rodillas sobre el capó del coche, con el culo al aire y la cara pegada al volante. El chico no perdió ni un segundo: se bajó el pantalón, le escupió en la raja y le metió la verga hasta el fondo sin avisar, haciendo que la profesora chillara como una loca mientras la empalaba contra el metal frío. Cada embestida le arrancaba espasmos de placer que le hacían soltar chorros de leche caliente por todo el coño, empapándole las medias y el vestido hasta dejarlos pegajosos. Entre gemidos entrecortados y juramentos en francés, la francesa se corrió como nunca, con la espalda arqueada y los pezones duros como piedras, mientras el chico le vaciaba los huevos hasta el último gota dentro de su coño húmedo y palpitante. Cuando terminó, la profesora quedó tirada sobre el capó, con las piernas temblorosas y el coño goteando leche blanca, mientras el estudiante se limpiaba la polla satisfecho sabiendo que esa puta profesora volvería a buscarlo en cuanto tuviera otra clase.