Novinha de 18 años folla sin parar frente al marido cornudo
Desde que lo conoció en la fiesta de Halloween, la morena de pelo largo no paró de mirarlo con esos labios carnosos y esa mirada de puta que sabe lo que quiere. El muy cornudo, celoso pero excitado, no pudo decirle que no cuando ella se tiró encima de él en el coche, bajándose el tanga de encaje negro para mostrarle el coño bien pelado y empapado listo para ser usado. Con un gemido ahogado, él le agarró las tetas redondas mientras ella se montaba su polla gorda sin piedad, moviendo las caderas como si no hubiera mañana y chupándose los dedos para mojarlos antes de pasárselos por los pezones duros. El marido, sentado en el asiento de atrás, no podía creer lo que veía: su propia mujer, con las piernas abiertas sobre el regazo de ese desconocido, dejando que la empotrara tan fuerte que cada embestida le hacía botar las tetas y le arrancaba gritos de 'más duro, cabrón, métemela toda'. Entre susurros, el amigo le susurra que su coño es una trampa perfecta, que nunca había sentido algo tan apretado y caliente, mientras ella se corre con un chorro de jugos que le resbalan por los muslos al sentir cómo la polla gruesa le revienta el clítoris con cada envite. El cornudo, con la boca abierta y la polla dura como una piedra bajo el pantalón, no puede evitar tocarse mientras ve cómo ella se inclina hacia adelante, ofreciéndole el culo para que le meta los dedos antes de que el otro le clava la verga por atrás con un sonido húmedo que resuena en el coche. La morena no para de gemir, pidiendo más, más rápido, más profundo, hasta que los dos se corren al mismo tiempo: ella con un espasmo que le hace temblar todo el cuerpo y él regándola dentro con gruñidos roncos, dejándola llena hasta que el semen le escurre por las piernas. Cuando por fin se bajan, ella se pasa la lengua por los labios, mirándolos a los dos con una sonrisa de puta satisfecha, mientras el marido lame el coño mojado de su propia mujer, limpiando los restos de leche ajena que aún le quedan dentro.