Payton Avery reta a Dwayne Foxxx a dominarlo con sus pies
—¿Crees que puedes aguantar? —desafió Payton Avery, moviendo sus dedos pintados frente a la cara de Dwayne Foxxx, cuya polla ya estaba dura como el acero. El estudio olía a aceite para masajes, y los gemidos empezaban a llenar el aire antes de que siquiera se tocara. Dwayne no se hizo rogar: en cuatro patas como un animal, lamió cada centímetro de los pies de Payton, probando el sudor salado mientras sus manos masajeaban los tobillos. —No vas a ganar —gruñó Dwayne, mordiendo suavemente el arco del pie, haciendo que Payton arqueara la espalda. Pero Payton no se dejaba intimidar: se subió a su mejilla, aplastando los dedos contra su boca abierta, obligándolo a chupar mientras ella reía. La competencia se volvió más salvaje cuando Dwayne la volteó, empujando sus rodillas hacia el suelo para hundir su verga entre los muslos de Payton, frotando contra su coño mojado sin entrar. Ella gritó cuando él lamió su culo, su lengua viajando desde el perineo hasta el agujero, humedeciéndolo para lo que venía. —Puta —murmuró Dwayne, agarrando las caderas de Payton para empalarla de una estocada, haciendo que sus dientes chocaran. Payton no se quejó: en cambio, lo miró por encima del hombro, desafiante, mientras él la embestía con fuerza, sus bolas golpeando contra su clítoris cada vez que llegaba hasta las pelotas. Ella temblaba, pero no era de miedo: era de la satisfacción de verlo perder el control, de saber que su cuerpo lo estaba destruyendo, que su polla gruesa no era rival para su deseo. Cuando Dwayne finalmente se corrió, temblando entre sus nalgas, Payton pensó con una sonrisa que ahora sabía la verdad: nadie la domina, ni siquiera cuando cree que él gana.