La diosa te domina con sus piececitos descalzos
Lleva días imaginando cómo le chuparía los dedos a esa zorra de uñas pintadas, con esa sonrisa de superioridad que le vuelve loco. Se arrodilla a sus pies, le lame la planta del pie izquierdo con lengua lenta, saboreando el sudor salado y la piel suave, mientras ella le pisotea el rabo con esos tacones de aguja que le dejan la polla más dura que un palo. La muy puta le ordena que le folle la boca con los dedos de los pies, introduciéndoselos entre los labios hasta que le ahogan las arcadas, pero no se detiene, porque sabe que a él le encanta humillarse así. Siente el peso de sus piececitos descalzos sobre los huevos mientras le susurra al oído que es su esclavo, que solo existe para adorar sus piececitos y su coño mojado. Le obliga a lamerle las uñas una por una, mordisqueando cada dedo con sus labios carnosos, mientras le agarra la cabeza y le empuja la cara contra su entrepierna, obligándole a olisquear ese coño que ya gotea por el simple hecho de tenerlo ahí, arrodillado y desesperado. La muy perra le escupe en la cara y le ordena que se masturbe con sus pies, frotando su polla hinchada entre sus dedos de los pies hasta que se corre sobre sus plantas, dejando manchas blancas en esa piel perfecta que tanto desea manchar. Ella se ríe, le da un cachetazo en la mejilla con su pie y le dice que es un juguete sucio, pero que igual le va a hacer chuparle los dedos otra vez hasta que le suelte otra corrida en la lengua. Él gime como un perro, le lame los empeines con avidez y le besa los dedos uno por uno, porque sabe que solo ella puede domarle así, convertirle en su esclavo de pies y en su putita personal.