Paisley Bennett se entrega al deseo prohibido con su padrastro en la cocina
Ike Diezel no podía sacarse de la cabeza la imagen de su hijastra moviéndose por la cocina con ese short ajustado que apenas cubría su culo respingón. Cada vez que se rozaba contra la encimera, él apretaba los dientes, sintiendo cómo su polla se endurecía contra el pantalón. Sabía que estaba mal, pero no pudo evitar seguirla cuando ella fingió tropezar y se agachó, dejando al descubierto su coño ya mojado. Con un gruñido, la tomó de la cintura y la empujó contra la mesa, sus dedos hundiéndose en la carne tierna de sus muslos mientras ella gemía. 'Papi, esto no está bien... pero no pares', susurró, arqueando la espalda para que su culo quedara más expuesto. Él no lo pensó dos veces: le bajó el short de un tirón y hundió su lengua en su raja empapada, saboreando su excitación prohibida. Ella gritó, sus uñas arañando la mesa mientras él la devoraba sin piedad. Cuando ya no pudo más, la giró y la penetró de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado lo envolvía hasta las pelotas. Cada embestida era más profunda, más salvaje, mientras ella se aferraba a sus hombros, mordiéndole el cuello. 'Más fuerte, papi, así, así...', jadeaba, y él obedeció, embistiéndola con fuerza hasta que sus caderas chocaron contra su culo. El sonido de la carne golpeando carne llenaba la cocina, mezclado con los gemidos desesperados de ella. Cuando ya no aguantó más, la sacó y se corrió sobre sus tetas, marcándola como suya. 'Mira lo que me hiciste hacer, puta', gruñó, limpiándose los dedos en su piel sudorosa.