Maynard azota con el mango y la sumisa descubre su secreto
Ese día, en el cuarto de juegos, me puse a cuatro patas con el culo en pompa y la falda corta subida hasta la cintura, sintiendo el aire frío en mi piel blanca mientras espero que Maynard me dé una buena nalgada con el mango de cuero que tanto le gusta. Sabía que le gustaba el control, pero cuando lo vi sonreír con ese brillo en los ojos, supe que hoy iba a ser especial. Empezó suave, acariciando mis nalgas con el mango, pero luego lo levantó en el aire y lo dejó caer con un golpe seco que me hizo gemir fuerte, sintiendo el ardor extendiéndose por toda mi piel. Maynard no se detuvo, golpe tras golpe, hasta que mi culo quedó enrojecido y mi coño mojado de anticipación. Pero lo que no esperaba fue lo que pasó después: cuando me volteó para mirarme a los ojos, vi que su polla ya estaba dura como una roca, más grande de lo que había visto antes. ¿De dónde había sacado ese tamaño? La sorpresa me dejó sin palabras, pero él no me dio tiempo a pensar, me empujó contra la cama y me folló con ese mango en la boca, llenándome hasta las pelotas mientras yo me retorcía de placer. Cada embestida era más intensa, más profunda, y pronto descubrí que no solo su polla era grande, sino que también sabía exactamente cómo usarla. Gemí más fuerte, sintiendo cómo mi cuerpo se apretaba alrededor de su verga, y cuando por fin me corrió dentro, fue como un relámpago de placer que me dejó temblando. Ahora solo pienso en lo que me hará la próxima vez que descubra algo nuevo.