Maya Farrell se empotra hasta el fondo en postura perra
Maya Farrell no pierde tiempo y se quita el vestido de una vez para que le vean bien ese cuerpo de escándalo que tiene, con unos pechos que parecen dos sandías maduras y un culito prieto que no para de temblarle a cada paso. Él, con la polla más dura que un fierro, no aguanta más y la agarra por la cintura para clavársela hasta las entrañas sin piedad, sintiendo cómo el coño depilado de ella se abre como un abanico mojado cada vez que embiste. Ella suelta unos gemidos que parecen gritos de guerra mientras se agarra a la cama con los nudillos blancos, con la cara enterrada en las sábanas y el culo en pompa listo para recibir cada empellón brutal que le mete hasta el fondo. Él no pierde el ritmo ni un segundo, le agarra las tetas con una mano mientras con la otra le da nalgadas que hacen sonar el aire, y cada vez que se clava hasta el tope, ella chillla como si la estuvieran matando de placer. Maya no se queda atrás y se inclina hacia adelante para que él le meta la polla hasta la garganta, tragándose cada gota de saliva que le escupe mientras le lame el tronco como una perra en celo. El sonido de los cuerpos chocando es música para sus oídos, los resbalones de la crema que se escapa por entre sus piernas cada vez que la llena de leche nueva, y los gemidos entrecortados que salen de su boca son la confirmación de que no quiere que pare. Él acelera el ritmo hasta que siente que los huevos le van a reventar, y con un último empujón brutal, le clava la polla hasta el útero mientras ella se corre empapando las sábanas con un chorro caliente que le escurre por los muslos. Maya se deja caer de bruces en la cama, jadeando como si acabara de correr una maratón, pero él no ha terminado: le gira la cara para que le chupe hasta dejarle la polla reluciente y llena de babas, tragándose hasta la última gota de leche espesa que le escupe en la garganta. Cuando por fin se aparta, ella queda ahí tirada, con las piernas temblorosas y el coño palpitante, mientras él le susurra al oído que no piensa dejarla en paz hasta que le pida más.