La señora Tomis se deja empotrar hasta el cuello del útero
Sr. Mega no aguanta más: desde que la señora Tomis empezó a mandarle fotos en lencería ajustada, su polla no para de palpitar. Ella se pasea por la casa con ese culo redondo y firme, rozándose contra él cada vez que pasa, sabiendo perfectamente lo que provoca. Hoy, la tensión estalla cuando Afonsocador la agarra de la cintura y la empuja contra la cama, hundiendo los dedos en esa carne blanda y caliente. La falda se levanta de un tirón, dejando al descubierto el coño ya mojado, listo para ser devorado. Él le baja las bragas con los dientes, mordisqueando los labios hinchados antes de enterrar la lengua hasta el fondo, haciendo que ella arquee la espalda y gima como una perra en celo. Las tetas grandes rebotan con cada embestida, los pezones duros como piedras, mientras él la penetra sin piedad, escuchando el sonido húmedo de la carne chocando contra carne. La señora Tomis se agarra las nalgas, abriéndose más para que él la folle hasta hacerla temblar, hasta que el orgasmo la recorre como un rayo, dejándola sin aliento. Pero esto no termina aquí: la próxima vez, Afonsocador piensa castigarla por provocarlo tanto.