La rica se deja empotrar por dos vergas a la vez
—¡No, así no, más fuerte!— gritó la millonaria mientras sus caderas se movían al ritmo de las dos pollas que la penetraban sin descanso. La sorpresa llegó cuando notó que el segundo tipo tenía una verga más gruesa que la primera, estirándole el coño de una manera que nunca había sentido. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, mientras los gemidos escapaban de su garganta sin control. El primero la follaba por delante, clavándole la polla hasta las pelotas, mientras el otro la empotraba por atrás, metiéndosela entera de golpe. La mojada se escurría por sus muslos, mezclándose con el sudor que le cubría el cuerpo. De pronto, descubrió que el segundo tipo tenía un piercing en la punta, rozándole el punto G con cada movimiento, haciendo que su respiración se cortara. La sorpresa la excitó aún más, llevándola al borde del orgasmo. Sus uñas se clavaron en la espalda del que la penetraba por delante, mientras arqueaba la espalda, pidiendo más. El placer era tan intenso que casi no podía creer lo que estaba sintiendo. En ese momento, solo pensaba en cómo había subestimado el poder de dos vergas a la vez, y en lo mucho que quería que esto no terminara nunca.