La colombiana Carla se la come entero al italiano vicioso
Carla Morelli llegó a la oficina de Vincenzo Davorio con un vestido ajustado que apenas le tapaba el culo prieto y un escote que dejaba ver sus tetas grandes y duras como sandías. El italiano, con su polla gruesa y venosa asomándose por el pantalón, no pudo resistirse a lamerle los labios pintados de rojo mientras le susurraba al oído que llevaba semanas soñando con empotrarle ese coño moreno y chorreante. Al primer contacto, sus manos sudorosas le arrancaron el tanga de encaje negro y le hundieron los dedos en la raja empapada, haciendo que gemidos guturales le salieran de la garganta al sentir cómo sus yemas resbalaban entre los labios carnosos de su conejito. Vincenzo, con la boca llena de saliva, se agachó a chuparle los pezones negros y duros mientras ella le agarraba la nuca y le clavaba las uñas en la espalda, pidiendo más sin pudor. En la cama, él la volteó boca abajo y le levantó las nalgas redondas como sandías para hundirle la polla hasta el fondo, haciendo que el slap de sus pelotas contra su clítoris hinchado resonara por toda la habitación cada vez que la embestía con fuerza bruta. Carla, con las tetas colgando y el coño goteando leche por cada envite, le suplicaba que no se detuviera mientras él le mordisqueaba el cuello y le apretaba las caderas para hundirse aún más. Entre gemidos de puta satisfecha y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, Vincenzo se corrió dentro de ella con un rugido animal, llenándole el útero de semen caliente que le escurría por las piernas mientras la seguía empotrando contra el colchón hasta dejarla exhausta y con el coño bien jodido.