La amigucha de mi hermana se traga mi leche en la ducha
Desde que la vi por primera vez en la fiesta de cumpleaños de mi hermana, esa morenaza de caderas apretadas y tetas pequeñas me tenía loco. Hoy, mientras su marido estaba trabajando hasta tarde, me inventé un pretexto para pasar por su casa y ahí estaba ella, con ese culito redondo que no paraba de moverse mientras se enjabonaba bajo el agua caliente. Le dije que necesitaba ayuda para quitarse el champú de los pelos y, sin pensarlo dos veces, la empujé contra la pared de azulejos fríos, sintiendo cómo su piel ardía bajo mis manos. Ella gimió cuando le agarré el culo prieto y la levanté sin esfuerzo, abriéndole las piernas para que su coño depilado rozara mi verga dura como una piedra. Con un empujón brusco, se la metí hasta la garganta mientras le tapaba la boca con mi mano para que no gritara y despertara a los vecinos. La muy puta tragaba con desesperación, sus ojos brillaban de lujuria mientras yo le empotraba la polla hasta el fondo, haciendo que sus tetas saltaran con cada embestida brutal. Sentí cómo su coño se humedecía más con cada estocada, sus jugos resbalando por mis bolas mientras yo le llenaba la boca de leche espesa, gruesa y caliente que ella tragó sin dejar ni una gota. Cuando por fin la solté, le quedó semen escurriendo por la comisura de los labios y un hilo de baba colgando de su mentón, mientras su cuerpo temblaba de placer contenido. Me miró con una sonrisa de puta satisfecha y susurró que quería más, pero yo ya tenía lo que buscaba: su garganta bien usada y mi verga palpitando con el recuerdo de cómo se la había metido hasta el fondo sin piedad.