Isabella lame el coño de su casera mientras se la chupa
“Si no pagas el alquiler, tendré que cobrarte de otra manera”, susurró Millie Morgan mientras me arrinconaba en el sofá de su apartamento. El corazón me latía a mil por hora, pensando que en cualquier momento podría entrar su marido, pero el calor que me subía por entre las piernas no me dejaba parar. Millie, con sus curvas perfectas marcadas en ese body negro de encaje, me empujó hacia atrás hasta que mi espalda chocó contra los cojines, separándome las piernas con sus manos exigentes. Sentí su aliento caliente en mi coño antes de que su lengua lo recorriera de abajo arriba, deteniéndose en el clítoris para chuparlo con fuerza. Mis manos se aferraron a su pelo mientras gemía, sintiendo cómo sus dedos se hundían dentro de mí, moviéndose con ritmo perfecto. El miedo a que nos descubrieran solo aumentaba la excitación: cada lamida, cada suspiro ahogado, cada sonido de su boca tragándose mis jugos era una delicia prohibida. Millie me miró con esos ojos verdes llenos de lujuria mientras se desataba el body, dejando al descubierto sus tetas firmes y rosadas. Se subió encima de mí, restregando su chocho mojado contra mi pierna mientras me besaba con furia. Sentí su culo perfecto bajo mis manos, apretándolo mientras ella movía las caderas, frotándose contra mí sin parar. El sonido de nuestros cuerpos pegados, los gemidos contenidos, el olor a sexo en el aire… era demasiado intenso. Millie me mordió el cuello mientras su dedo índice presionaba mi clítoris en círculos, llevándome al borde. Cuando el orgasmo llegó, fue brutal: contraje cada músculo, arqueé la espalda y grité en silencio, sintiendo cómo sus dedos seguían hundiéndose hasta que el último espasmo pasó. Al terminar, quedado tirada en el sofá, vi una mancha húmeda en el cojín donde había estado mi coño.