Esposa con calzoncitos mojados en la cocina, luego le clavo el culo sin perdón
El olor a café recién hecho se mezclaba con el aroma dulce de su perfume, pero lo que de verdad me volvió loco fue ver a Rica Toreto parada ahí, solo con esa tanga minúscula que apenas cubría su culo redondo y jugoso. Sabía que estaba así de mojada por otro, que se había puesto así para provocarlo a él, y eso me encendió de rabia y deseo. Le arranqué el braguita con los dientes, dejándola expuesta, y antes de que pudiera gemir, ya tenía mi lengua recorriendo cada pliegue de su coño caliente. Ella arqueó la espalda, clavándome las uñas en los hombros, pero no iba a detenerme hasta que supiera que este culo era mío. La doblé sobre la mesa de la cocina, separándole los cachetes con ambas manos para que mi polla gruesa entrara sin resistencia, y cuando empecé a embestirla, sus gritos rebotaron contra las paredes. Sentí cómo su culo apretado me tragaba entero, cómo cada empujón la hacía temblar, hasta que el placer la venció y se corrió con un grito ahogado. Pero no había terminado, no hasta que le llenara ese agujero con mi leche caliente. La volteé, la hice arrodillarse y le metí la polla hasta la garganta, follándosela de cara mientras le agarraba el pelo. —Así te gusta, ¿verdad, puta? —le susurré al oído. —Sí, dame más, no pares —respondió entre jadeos, y eso fue lo que me hizo explotar dentro de ella, marcando ese culo que tanto deseaba otro.