Bruna Ferrari y su culo perfecto en una escena de sexo anal salvaje
El sonido de su risa coqueta mientras se ajustaba el vestido me volvió loco desde el primer segundo, pero esa puta sabía lo que hacía: se movía pegada a mí, rozando su culo redondo contra mi polla dura, mandándome fotos de su tanga mojado antes de que llegáramos. Cuando por fin la empujé contra la pared, le arranqué el vestido de un tirón y le clavé los dedos en las nalgas, ella gimió como una perra en celo, arqueando la espalda para que mi verga le partiera el culo de una estocada. Sentía cómo su coño chorreaba de excitación, pero no le di el placer de tocarla ahí, solo le metí los dedos en el culo mientras le mordía el cuello, haciéndole saber que esta vez no habría piedad. En más de 10 minutos de escena, la hice gemir como nunca, empotrándola contra el sofá, el suelo, la pared, hasta que su culo ardía y su boca no paraba de pedir más. Cada vez que intentaba correrse, le detenía, dejándola al borde, hasta que al final, cuando ya no aguantaba más, la hice gritar mi nombre mientras me venía dentro de su culo apretado. Ahora, mientras se limpia, sé que piensa en lo bien que lo hizo provocarme, en cómo la castigué por ser tan puta.