Veronna Ink se entrega a un juego de poder y placer
La vi llegar al cuarto con esa mirada desafiante, los tatuajes brillando bajo la luz tenue y el piercing en los pezones llamando toda la atención. Sabía que quería controlarme, pero esta vez sería al revés: le ordené que se arrodillara y obedeció sin rechistar, aunque sus ojos ardían de rabia contenida. Le hice chupar mis dedos antes de guiarlos hacia su coño ya mojado, sintiendo cómo temblaba al rozar su clítoris hinchado. 'No te corras sin permiso', le susurré mientras le clavaba los dedos hasta hacerla gemir, sus muslos apretándose alrededor de mi mano. Cuando la puse de rodillas otra vez, esta vez frente a mi polla dura, vio que no había escapatoria: tenía que chupar como una buena puta sumisa. Veronna Ink mordió el labio inferior, pero no se atrevió a desobedecer, tragando cada gota de mi leche cuando me corrí en su boca. Al terminar, solo atinó a limpiarse los labios con el dorso de la mano, la respiración agitada y los ojos bajos, sabiendo que había perdido esta batalla.