Esclave Françoise se humilla con un dildo y meadas en el baño
No debería haberla dejado entrar a mi casa, pero la puta de Françoise ya estaba mojada antes de cruzar la puerta. Le encantaba que la humillara, que le ordenara arrodillarse en el baño con las manos atadas a la espalda mientras yo me sentaba en el inodoro. Cada vez que meaba sobre su cara, ella gemía como una perra en celo, lamiendo hasta la última gota. La obligué a meterse el dildo hasta que le dolió, gritando que era una esclava asquerosa. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar de ver cómo su coño se contraía alrededor del juguete mientras la obligaba a chupar mi polla después de humillarla. En más de 13 minutos de escena, la hice correrse tres veces, llorando de placer y vergüenza. Al final, le escupí en la boca y le dije: 'Eres mi puta, y siempre lo serás.'