Eleanor y Alix follan salvajes con un dildo gigante en el jardín
Estoy arrodillada en el pasto húmedo, sintiendo cómo Alix me empuja contra el suelo mientras me clava el dildo hasta que mis muslos tiemblan. No esperaba que su coño estuviera tan mojado, ni que me mirara así cuando lo descubrió: "¿Ves lo que me haces, perra?". Al principio solo jugábamos, pero cuando probé su sabor en mi lengua, algo se rompió. Alix me agarró del pelo y me obligó a chuparle el clítoris mientras ella gemía como una loca, sus uñas marcándome la espalda. Yo no podía creer lo duro que me apretaba las tetas, cómo me mordía los pezones hasta hacerme gritar. El dildo entraba y salía de mi coño con un sonido obsceno, y cuando Alix me dio vuelta para empalarme de nuevo, sentí que iba a partirme en dos. "No te corras todavía, puta", me susurró al oído, y yo solo pude gemir más fuerte mientras sus caderas golpeaban las mías sin piedad. En más de 14 minutos de escena, descubrí que Alix guardaba secretos bajo ese cuerpo de diosa: su coño era una trampa, y yo ya no quería escapar. "¿Te gusta así, verdad?", me preguntó mientras me llenaba con el juguete, y yo solo pude responder: "Más fuerte, hazme sentir tu puta".