Alison Rey se excita con juguetes y el riesgo de ser descubierta
Esa tarde en la habitación, Alison Rey no podía contener los gemidos mientras se retorcía contra el vibrador, sintiendo cómo el juguete le frotaba el clítoris hinchado. El peligro de que su padrastro entrara en cualquier momento solo la ponía más caliente, y sus muslos brillaban de lo mojada que estaba. Con los ojos cerrados, arqueó la espalda cuando el dildo se hundió en su coño apretado, imaginando que era la polla de un desconocido que la follaba en silencio. Las paredes de su vagina se contraían alrededor del juguete, y sus dedos se clavaban en las sábanas para ahogar los gritos. El sonido del motor del vibrador se mezclaba con sus jadeos ahogados, y cada vez que escuchaba un ruido en el pasillo, su corazón latía más fuerte. Pero no podía parar, no cuando el placer le recorría la columna vertebral y sus caderas se movían sin control. En más de 15 minutos de escena, Alison Rey se corrió dos veces, temblando y mordiéndose el labio para no delatarse. Al final, con el cuerpo sudoroso y el coño aún palpitante, susurró: 'Ojalá me hubieras visto así, papi...'