Hermana política japonesa se deja empotrar por su hermanastro
Desde que llegaron los nuevos muebles a la casa, ella no paraba de mirarlo con esos ojos negros repletos de lujuria mientras él se cambiaba en el pasillo. Cada vez que su hermanastro pasaba a su lado, el choque de sus cuerpos dejaba una electricidad que le quemaba la entrepierna, y él lo notaba, claro, porque el bulto de su bóxer no mentía. Una noche de lluvia, ella lo arrinconó contra la pared del baño, le arrancó la camiseta empapada y le clavó las uñas en la espalda mientras le susurraba al oído que llevaba meses soñando con que esa polla enorme le reventara el coño. Él, sin pensarlo dos veces, la levantó en el aire como si no pesara nada, le mordisqueó el labio inferior hasta hacerla gemir y le metió los dedos bajo el tanga japonés para sentir lo empapada que estaba su concha. Ella, con los pezones duros como piedras bajo la seda de su kimono, le rogó que la follara contra el espejo empañado, pero él quería más: la tiró sobre la cama baja, le separó las piernas con rudeza y se enterró hasta las bolas en su coño estrecho y tembloroso, haciendo que gritara de placer mientras los muelles de la cama crujían como locos. Ella, sin pudor, se corrió en menos de un minuto, empapándole toda la polla de jugos calientes mientras él, con los dientes apretados, le clavaba las caderas sin piedad, sintiendo cómo el coño le succionaba cada embestida como un imán. Cuando él sintió que se le inflamaban las pelotas, la giró boca abajo, le levantó el culo en pompa y se la empotró por detrás con furia, haciendo que su coño chorreante se abriera como una flor bajo el empuje brutal. Los gritos se mezclaban con los golpes de carne contra carne, el sudor les resbalaba por la piel y el olor a sexo llenaba la habitación hasta ahogarlos. Cuando él eyaculó dentro, ella sintió cada chorro caliente llenándole el vientre mientras él jadeaba contra su nuca, exhausto pero con la polla aún dura dentro, listo para empezar de nuevo si ella quería. Pero esta vez, fue ella quien le empujó contra el colchón, le chupó los huevos con avidez y le metió el dildo en la boca para que probara su propio sabor antes de correrse otra vez sobre su lengua.