El padrastro de Carmona me invitó a bañarme con él y no pude decir que no
El vapor del baño empañaba los espejos y el agua caliente golpeaba las baldosas cuando O Pai del Carmona me miró con esa sonrisa que sabía que no podía rechazar. Sabía que esto estaba mal, que no debía cruzar esa línea, pero mi polla ya estaba dura antes de que sus manos me tocaran. El agua resbalaba por su pecho musculoso mientras se acercaba, sus dedos rozando mi piel como si fueran a quemarme. 'Ven aquí', me dijo con voz ronca, y no pude resistirme. Mis manos temblaron al agarrar su verga gruesa, sintiendo cada vena bajo mis dedos. El agua caía sobre nosotros mientras lo masturbaba, sus gemidos ahogados por el sonido del chorro. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar. Sus manos bajaron hasta mi culo, apretando con fuerza mientras me empujaba contra la pared. El azulejo frío contrastaba con el calor de su cuerpo, y cada embestida me hacía gemir más fuerte. El agua se mezclaba con el sudor, y cuando su polla entró hasta las pelotas, supe que no iba a durar mucho. Sus dedos se clavaron en mi carne mientras se corría, su leche caliente mezclándose con el agua que caía. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar. La próxima vez, no habrá agua que limpie lo que haremos.