El demonio de krampus le cobra al niño travieso con leche
El pobre crío no sabía que su deuda con el demonio de krampus sería cobrada de una forma que le iba a encantar. Justo después de firmar con su propia sangre en el libro de los castigos, la criatura de cuernos y pezuñas lo arrastró hasta el bosque helado donde su castigo sería más dulce que el infierno. Con un simple tirón de sus cadenas de cuero negro, el chico quedó expuesto ante la demonio hembra de largas piernas y tetas duras como piedras, que no perdió el tiempo en lamerle el rabo blando hasta ponerlo tieso como un palo. Ella se relamió los labios carnosos mientras le susurraba al oído que el tributo por su deuda no sería dinero ni dolor, sino su leche bien caliente corriéndosele dentro. El chico, con el culo apretado de miedo y deseo, sintió cómo los dedos de ella le separaban las cachetes dejando al aire el agujero bien prieto que ya empezaba a babear. La demonio no perdió ni un segundo: escupió en su mano y se la restregó entre las nalgas del pobre infeliz, preparándolo para lo que venía. Con un empujón brusco, la polla gruesa de él se coló dentro de su coño estrecho y caliente, que chupaba con cada embestida como si no hubiera mañana. Los gemidos del chico resonaban en el bosque mientras ella lo empotraba contra un árbol, sus tetas rebotando al ritmo de las embestidas brutales que le hacían crujir la espalda. La demonio, con una sonrisa diabólica, le agarró el pelo y le obligó a mirarla mientras le metía hasta las pelotas, sintiendo cómo su verga se hinchaba dentro de ella hasta que no pudo aguantar más. Con un último empujón profundo, el chico se corrió a chorros dentro de su coño, llenándola de leche espesa que se escurría por sus muslos mientras ella se mordía el labio inferior de puro placer. El bosque entero parecía temblar con sus gritos de éxtasis cuando ambos cayeron al suelo, exhaustos pero con una sonrisa pícara en la cara. Ella le susurró que su deuda no estaba pagada del todo… pero que podrían negociar de nuevo después de Navidad.