MILF fogosa se empala con el pedrero en su cama
La vecina de tetas grandes y culo respingón llevaba días quejándose del ruido de la obra, pero cuando vio al pedrero sudando con la camisa pegada al cuerpo no pudo resistirse. Él, con las manos llenas de cemento y la polla dura como una piedra bajo el pantalón manchado de polvo, le soltó un '¿Y si te callo yo de otra forma?' mientras la empujaba contra el colchón. Tiffany, con el coño ya empapado por el morbo de verlo así de bruto, se quitó el vestido ajustado de una vez y dejó al descubierto sus tetas pesadas que rebotaban con cada embestida. El muy cabrón le agarró el culo a dos manos y la empotró contra la pared, haciendo que sus gemidos ahogados resonaran en toda la cuadra. Ella le suplicaba que le metiera esa verga monstruosa hasta el fondo, mientras él le mordía el cuello y le escupía en el coño para lubricarlo mejor antes de clavársela hasta las entrañas. Los golpes de cadera resonaban como martillazos contra su carne blanda, y cada vez que la penetraba profundo, el choque de sus cuerpos hacía temblar el espejo del tocador. Tiffany, con los ojos inyectados en lujuria, le rogaba que le llenara el coño de leche caliente y él, sin piedad, le clavó la polla hasta el fondo hasta que sintió cómo se le contraía el útero al correrse dentro. El semen le chorread por las piernas mientras ella se retorcía de placer, con los muslos temblorosos y la boca abierta en un grito que no pudo contener ni con la almohada sobre su cara. Cuando por fin la soltó, la cama quedó manchada de sudor, jugos y leche espesa, pero a los dos les importó una mierda: lo único que querían era repetirlo al instante.