Aimee Addison recibe una polla dura en su coño y leche en su cara
Aimee Addison no pudo resistirse cuando vio esa verga gruesa y palpitante frente a su cara, así que se agachó al instante y se la tragó entera sin pensarlo dos veces. La polla le llenó la boca hasta la garganta mientras sus labios rosados se ajustaban perfectamente a su grosor, chupando con movimientos lentos pero profundos que le hicieron gemir y temblar entre sus piernas. Él la agarró fuerte del pelo y la empujó más abajo, sintiendo cómo su coño se mojaba al imaginarse lo que venía: una follada salvaje que la dejaría sin aliento. La tumbó boca abajo sobre la cama, le subió el vestido hasta la cintura y le arrancó el tanga de un tirón, dejando su culo redondo y firme al descubierto, ansioso por ser empalado. Sin preámbulos, le clavó la polla hasta las pelotas dentro del coño bien lubricado, haciendo que soltara un grito ahogado de placer mientras sus caderas chocaban contra su culo con embestidas brutales que le sacudían todo el cuerpo. Cada empujón le dejaba los muslos temblorosos y el coño chorreando, mientras él le susurraba obscenidades al oído y le mordisqueaba el cuello con desesperación. Ella no pudo contenerse más y se corrió con un espasmo violento, apretando su coño alrededor de la polla como si quisiera tragársela entera, pero él no aflojó el ritmo ni un segundo. El calor de su corrida interna la inundó por completo, llenándola de leche espesa que se derramó entre sus piernas mientras él, con la polla aún dura, le ordenaba abrir la boca y recibir el resto. Aimee obedeció sin dudar, sacando la lengua para atrapar cada gota de semen que le caía en la cara, sintiendo el sabor salado y espeso mientras sus gemidos se mezclaban con las risas obscenas que él le soltaba sin parar. El espectáculo terminó con ella completamente empapada, con el coño goteando leche y semen, la cara brillando bajo el líquido blanco y el cuerpo agotado pero satisfecho de haber recibido una buena lecheada como merecía.