Mi amiga me chupa la polla en el ascensor y me corre dentro
Llevábamos años compartiendo tragos y risas, pero nunca imaginé que su sonrisa picarona escondía tanto morbo. Esa noche el ascensor se quedó varado entre pisos y ella, sin pensarlo dos veces, se me tiró encima como una gata en celo, arrancándome la camisa de un tirón. Con las tetas apretadas contra mi pecho y la boca bien abierta, me empezó a mamar la verga como si fuera su postre favorito, lamiendo cada vena con la lengua mientras sus gemidos ahogados resonaban en el metal del ascensor. Le agarré la melena con fuerza y se la embestí hasta la garganta, sintiendo cómo su saliva caliente resbalaba por mi tronco mientras sus uñas me arañaban los muslos con desesperación. El olor a coño mojado me voló la cabeza cuando me bajó los pantalones y se sentó encima mío, cabalgándome con esos culos prietos que siempre me habían vuelto loco, empalándose en mi polla dura como si no hubiera mañana. Le chupé un pezón mientras le metía los dedos en el coño, notando cómo se contraía alrededor de mi verga cada vez que le daba un azote en el culo, dejándole la marca roja de mis manos. Cuando el ascensor volvió a funcionar, ella ya estaba gritando mi nombre con la voz ronca, con mi leche escurriéndosele entre los muslos mientras se corría encima de mí, dejando el asiento lleno de sus jugos y mi corrida pegajosa. No pudo aguantar ni un segundo más antes de desplomarse contra mi pecho, jadeando como una perra en celo, con la polla aún palpitante dentro de su coño empapado. La ayudé a recomponerse mientras le limpiaba los restos de leche que le caían por las piernas, pero en el fondo los dos sabíamos que esto no quedaría aquí...