Asiática cachonda me empotra en doggy y me llena el coño
La morenita de cuerpo prieto no podía aguantar las ganas de sentir mi polla bien dura dentro de su coñito pequeño y apretado, así que en cuanto llegamos a su casa me empujó contra la pared del pasillo y me agarró del culo con esas manitas suyas que no paraban de temblar. Con un gemido ronco me bajó los pantalones de un tirón y me la clavó por detrás sin avisar, empalándome hasta la empuñadura mientras su coño chorreante se le escapaba por los muslos. La asiática no dejaba de mover ese culito redondo y respingón contra mi pelvis, haciendo que cada embestida me dejara sin aliento y le llenara el vientre de leche caliente con cada envite. Entre jadeos y maldiciones ahogadas, ella se agarraba a la cómoda como si su vida dependiera de eso, con el coño tan mojado que se le resbalaban los dedos cada vez que me hundía hasta el fondo. Yo no podía resistirme a darle duro, así que le agarré las tetas firmes y empecé a embestirla como un animal, sintiendo cómo su carne temblaba con cada golpe de cadera. La asiática gemía como una puta descontrolada, con la boca entreabierta y los ojos vidriosos mientras su coño me chupaba la polla hasta dejarme seco. No pasó ni medio minuto antes de que sintiera cómo su cuerpo se tensaba y se le escapaba un chorro de jugos por las piernas, dándome la señal perfecta para soltarme dentro de ella sin piedad. La primera corrida la recibí justo cuando ella se corría, y el sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en todo el apartamento mientras su coño se llenaba de leche espesa que se le escurría por los muslos. No contenta con eso, la morenita se dio la vuelta y se subió a horcajadas sobre mí, con las piernas temblorosas y la mirada llena de maldad mientras me cabalgaba como si no hubiera mañana. Esta vez fue más lenta, pero igual de intensa, mordisqueándome los pezones y susurrándome obscenidades al oído mientras su coño me ordeñaba hasta dejarme vacío. Cuando por fin se dejó caer sobre mí, exhausta y con el coño chorreando leche por todos lados, supe que no habría mejor manera de terminar la noche que sintiendo cómo su vientre se hinchaba con cada gota que le dejaba dentro.