Bigtom la desafió y la hizo correrse con sus dedos
La habitación estaba en penumbra, con la luz tenue de la lámpara de noche iluminando apenas los cuerpos sudorosos. Ella se recostó en la cama, mirándome con esa sonrisa de puta que sabía me volvía loco, retándome a ver si podía hacerla gemir de verdad. Yo no me hice rogar: me acerqué y empecé a besarle el cuello, bajando hasta sus pechos firmes, chupando esos pezones rosados hasta que los tenía duros como piedras. Ella arqueó la espalda, pero no iba a ser tan fácil, así que metí dos dedos en su coño mojado de golpe, sintiendo cómo se apretaba alrededor de ellos. '¿Así quieres que te lo haga, perra?', le susurré al oído mientras movía los dedos en círculos, buscando ese punto que la hacía temblar. Ella mordió la almohada, pero yo sabía que no iba a durar mucho, así que aceleré el ritmo, metiendo los dedos hasta que las caderas chocaban contra mi mano. Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados, y cuando por fin se corrió, fue con un grito ahogado que me hizo reír. '¿Ves?', le dije, 'sabía que no ibas a aguantar'. Pero esto no se queda aquí, la próxima vez voy a hacer que me suplique con mi polla, no solo con los dedos.