La hijastra latina se venga con una mamada que te pone la polla dura
Me moría de celos cada vez que ese tipo la miraba, pero hoy le di su merecido. Lilly Hall se arrodilló frente a mí con esa boca de angelito que todo lo traga, y no perdonó ni un centímetro de mi verga. Sus labios carnosos me envolvieron como si quisieran borrar al otro cabrón de su memoria, y sus gemidos resonaban cada vez que la embestía hasta el fondo. El sonido húmedo de su saliva mezclándose con mis chorreones me volvió más salvaje, y cuando la agarré del pelo para marcar el ritmo, su coño ya estaba goteando de necesidad. No tembló ni un segundo, esa putita sabía exactamente lo que hacía, y cuando la corrí hasta llenarle la garganta, sus ojos brillaron de triunfo. La muy zorra disfrutó cada gota, sabiendo que ahora era mía, que nadie más la tendría como la tuve yo.